Sobre Ruedas 92 - 2016 - page 15

sobreruedas
Relaciones familiares
Las repercusiones físicas, psicológicas y sociales derivadas
de un ictus van más allá de la persona afectada, e influyen
en las dinámicas familiares y conyugales a diferentes ni-
veles. Un número significativo de adultos jóvenes experi-
mentan problemas familiares después del ictus.
Es posible concebir la familia como unamáquina en la que su
correcto funcionamiento depende de la acción sincronizada
de todos sus componentes: si cualquiera de estos se altera,
la dinámica familiar se ve invariablemente afectada. Por lo
tanto, cuando un miembro de la unidad familiar experimen-
ta una patología grave, como por ejemplo, un ictus, los otros
miembros tienen que adaptarse al cambio de roles o papeles,
estructuras y formas de relacionarse. No es atípico que las pa-
rejas se separen o divorcien, o bien que las que permanecen
unidas puedan experimentar un deterioro en las re-
laciones sexuales. Es importante destacar que la
mayor parte de las parejas que se separan
tenían una relación problemática previa
al ictus, y que la tasa de separación y/o
divorcio es sensiblemente inferior
en aquellas que previamente te-
nían una buena relación. Así mis-
mo, el hecho de tener niños peque-
ños no parece influir en la tasa de
separación o divorcio.
Junto a las posibles dificultades
que surgen entre la pareja, el ic-
tus también puede generar dificul-
tades en el cuidado y la educación
de los hijos. Este aspecto es una
fuente considerable de ansiedad,
tanto para la persona afectada como
para su pareja. Estos últimos tratan de
asumir las responsabilidades de la perso-
na afectada, a la vez que se preocupan por
ocultar sus emociones y lidiar con las conse-
cuencias que podrá tener el ictus en el bienestar
psicológico de sus hijos.
El estrés ligado al proceso de recuperación acostumbra
a ser una de las principales fuentes de conflicto familiar.
El ictus es diferente a otras patologías crónicas. Así, por
ejemplo, mientras que en los procesos neurodegenerati-
vos el familiar adquiere gradualmente el papel de cuida-
dor, en el ictus este papel se debe asumir de forma repen-
tina. Tanto la persona que ha padecido el ictus como su
familia deben aprender rápidamente a vivir y convivir con
las consecuencias del ictus; al tiempo que deben tratar de
adaptarse a los cambios vitales asociados.
Por otra parte, el aislamiento social que los adultos jóvenes
con ictus pueden experimentar, comporta una mayor pre-
sión sobre sus relaciones familiares, situación para la que
no está preparado ninguno de ellos.
Otra
fuente
de conflicto
suelen ser los
problemas de co-
municación entre
la persona afectada y
su entorno más próximo.
Con demasiada frecuencia, la
persona afectada renuncia a co-
municar sus preocupaciones y an-
siedades por temor a sobrecargar a sus
familiares más allegados. Del mismo
modo, estos no transmiten sus inquie-
tudes por temor a abrumar al afectado. El
resultado: afectado y familiares, en lugar de
emprender conjuntamente el proceso de recu-
peración, afrontan las consecuencias del ictus tran-
sitando caminos paralelos.
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