Sobre Ruedas 92 - 2016 - page 17

Sobre Ruedas /
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un reto para los profesionales impli-
cados en esta tarea. Las causas que
originan la discapacidad intelectual
pueden ser diversas y condicionan los
patrones funcionales, siendo mucho
más elevado el riesgo de padecer
determinadas enfermedades cuando
la DI está asociada a una causa ge-
nética, como es el caso del Síndrome
de Down u otras entidades sindrómi-
cas. A la vez que presentan una alta
prevalencia de trastornos mentales o
de conducta. Como resultado de tales
factores, el abordaje, el diagnóstico
y las intervenciones se hacen más
complejos. La combinación de todos
ellos da carácter al colectivo y hace
que la cobertura de estas necesidades
plantee importantes retos económicos
y sociosanitarios, que repercuten en
la provisión de servicios.
Potenciar la autonomía
y el crecimiento personal
La atención a las personas con
discapacidad intelectual está com-
plicada por el hecho de que, en
general, la sociedad difícilmente
percibe los procesos de dependencia
que se derivan de una discapacidad
social, o de una dependencia ori-
ginada en ámbitos diferentes a los
del ejercicio de las habilidades de
la vida diaria (AVD).
Todavía es más difícil de entender
que estas personas, debido a la DI
previa, demanden recursos humanos
y técnicos no únicamente para paliar
la dependencia, sino también para
multiplicar la autonomía personal y
la funcionalidad en el contexto habi-
tual donde desarrollan diariamente
su proyecto de vida.
En un sentido, se podría afirmar
que, debido a que las personas con
DI se encuentran en una situación de
discapacidad que dura toda su vida,
estas personas tienen una situación
permanente
de dependencia o, como
mínimo, de supervisión, y, por lo
tanto, su atención y la promoción de
su autonomía personal es uno de los
retos más importantes que se deben
afrontar desde este momento.
Pero la discapacidad intelectual es un
término más amplio que la dependen-
cia, en el sentido de que hay personas
discapacitadas que no son necesaria-
mente dependientes. En el año 1992,
la AARM (Asociación Americana de
la Discapacidad Intelectual) definió
la DI como un funcionamiento inte-
lectual por debajo de la media, que
coexiste con limitaciones en dos o más
de las siguientes áreas adaptativas:
comunicación, cuidado de uno mismo,
vida en el hogar, habilidades sociales,
participación en la comunidad, auto-
nomía para tomar decisiones, salud
y seguridad, habilidades académicas
funcionales, para el tiempo libre y
para el trabajo. Se establece una
pirámide de necesidades donde se
valoran las capacidades de la persona
(adaptativas y cognitivas), el entorno
(hogar, escuela-trabajo y comunidad)
y cómo estas capacidades interactúan
para dar lugar al funcionamiento del
sujeto. El funcionamiento
actual
del
sujeto será el criterio para determinar
los apoyos necesarios.
La definición de 2002 de la misma
institución ya no enfoca el proceso de
trabajo a partir de las limitaciones del
funcionamiento, sino que crea una nueva
dimensión, que conlleva una manera
diferente de entender ymedir los apoyos.
Propone describir la persona mediante
un modelo multifactorial (Luckasson y
cols., 2002), a partir de cinco dimen-
siones, en las que se tienen en cuenta
factores personales, ambientales y la
necesidad de apoyos individualiza-
dos. No se limita a diagnosticar, sino
que propone observar la persona y
su entorno más inmediato –escolar,
laboral, afectivo– para descubrir sus
capacidades
actuales y futuras.
Antes de diseñar servicios y apoyos para
las personas con DI, se hace necesario
conocer cómo son y qué posibilidades
de crecimiento y satisfacción personal
poseen, cuáles son sus necesidades desde
una perspectiva amplia y cuáles son
sus posibilidades de mantenerse en la
mejor forma posible por lo que respecta
a salud, a nivel psicológico, artístico
y de ocio social, posibilidades como
las que gustan al resto de la sociedad.
Posteriormente, en función del re-
conocimiento de estas necesidades,
podremos pensar en las características
del entorno, los servicios y los apoyos
que se les pueden ofrecer.
Por lo tanto, fomentar y mejorar la
autodeterminación se ha convertido
en una pauta a seguir en los siste-
mas educativos y en los sistemas de
servicios que apoyan a las personas
con discapacidad, especialmente a
aquellas personas con discapacidades
intelectuales y del desarrollo. Podemos
lograrlo si los capacitamos para que
expresen preferencias
, se impliquen
en la resolución de problemas y en la
toma de decisiones, y si fomentamos
el aprendizaje autodirigido, así como
que estas personas defiendan sus pro-
pios derechos.
Dossier de actualidad
“La discapacidad intelectual es un término más amplio
que la dependencia, en el sentido de que hay personas
discapacitadas que no son necesariamente dependientes.”
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