Sobre Ruedas 92 - 2016 - page 11

Sobre Ruedas /
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cuestiones relacionadas con el
inicio
de la vida
(técnicas de reproducción
humana asistida, aborto, clonaje…),
final de la vida
(cuidados paliativos,
suicidio asistido, eutanasia,muerte cere-
bral…),
intervenciones en el patrimonio
genético
(eugenesia, manipulación del
genoma humano, posthumanismo…),
tratamientos y experimentación con
seres humanos
(trasplante de órganos,
experimentación clínica con personas
enfermas y sanas, neuroética…),
relación
profesional-paciente
(confidencialidad,
consentimiento informado, derechos de
la ciudadanía con relación a la salud
y a la atención sanitaria),
reparto de
recursos limitados en salud
(concepto
de justicia, políticas de salud…).
Entre algunas de las cuestiones más
novedosas de la bioética, cabe des-
tacar la aparición de la neuroética.
El desarrollo de las neurociencias ha
originado el nacimiento de la neu-
roética, que algunos consideran una
rama de la bioética y otros, como
una nueva disciplina, especialmente
después de la reunión celebrada en
2002, en San Francisco (California),
organizada por las universidades de
Stanford y California en San Fran-
cisco. En este encuentro, especialistas
de diversos ámbitos de conocimiento
se reunieron para estudiar y analizar
las implicaciones éticas y sociales de
la investigación del cerebro. Según la
Encyclopedia of Science, Technology,
and Ethics
(2005), la neuroética se
define como “una disciplina que estu-
dia las implicaciones políticas, éticas,
legales y sociales de la neurociencia y
sus avances en investigación.”
Sin embargo, una de las cuestiones
clásicas, y, al mismo tiempo, demáxima
actualidad, por lo que se refiere a la
bioética, es, sin duda,
el reconocimiento
y la promoción de la autonomía de la
persona
. Muchos autores coinciden en
afirmar que la autonomía se ha con-
vertido en el principio “estrella” o el
principio “por defecto” de la bioética.
Este reconocimiento de la autonomía de
la persona, es decir, el reconocimiento
de su capacidad para tomar decisiones,
ha generado un cambio radical de la
relación profesional en las últimas
décadas, porque se ha pasado de un
modelo de beneficencia, que conducía
a la práctica del paternalismo, a un
modelo de autonomía, que conduce a la
práctica del ejercicio de la información
y del consentimiento informado. No
se puede negar que el reconocimiento
de la autonomía en el contexto de la
bioética –y, naturalmente, también
del derecho– ha transformado en po-
sitivo la relación entre profesionales
y pacientes-ciudadanos.
En este sentido, la conocida
Ley
41/2002, de 14 de noviembre, básica
y reguladora de la autonomía del
paciente y de los derechos y obliga-
ciones en materia de información y
documentación clínica
, expresa en
relación a
la información
que “Los
pacientes tienen derecho a conocer,
con motivo de cualquier actuación en
el ámbito de su salud, toda la infor-
mación disponible sobre la misma,
salvando los supuestos exceptuados
por la Ley. Además, toda persona
tiene derecho a que se respete su
voluntad de no ser informada. Y
añade: “El titular del derecho a la
información es el paciente. También
serán informadas las personas vincu-
ladas a este, por razones familiares
o de hecho, en la medida en que el
paciente lo permita de manera expresa
o tácita. El paciente será informado,
incluso en caso de incapacidad, de
“Especialistas de diversos ámbitos de conocimiento se
reunieron para estudiar y analizar las implicaciones éticas
y sociales de la investigación del cerebro.”
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