Sobre Ruedas 92 - 2016 - page 7

Sobre Ruedas /
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Neurorrehabilitación
Existen múltiples marcos conceptuales
para el tratamiento de las alteraciones
emocionales, y la terapia cognitivo-
conductual es uno de los más utilizados.
Esta técnica ha demostrado ser una
excelente herramienta para mejorar las
habilidades de afrontamiento, ayudar
a manejar las dificultades cognitivas y
hacer frente a las respuestas emocionales
poco adaptativas que pueden generarse
tras una lesión cerebral. Independiente-
mente del marco teórico, el profesional
debe adaptar la neuropsicoterapia a las
necesidades, circunstancias y capacidades
de la persona con ictus: las experiencias
previas, personalidades premórbidas o
circunstancias personales actuales son
heterogéneas, y conforman una cons-
telación de variables compleja y única.
Respecto a los trastornos comportamen-
tales, los tratamientos no-farmacoló-
gicos más utilizados en rehabilitación
neuropsicológica son las denominadas
técnicas de modificación de conducta.
Bajo este término se incluyen el condi-
cionamiento clásico, el condicionamiento
operante y el aprendizaje vicario, entre
otras técnicas. Todas ellas tienen en
común el análisis y la manipulación
de la asociación entre los estímulos y
las respuestas de los sujetos, e incluyen
las consecuencias de estas en forma de
estímulos reforzantes o aversivos, con
el objetivo de aumentar las conductas
deseables y eliminar las no deseadas.
Las técnicas de modificación de con-
ducta se aplican en personas con ictus
para la intervención en alteraciones del
comportamiento tales como la irritabi-
lidad, agresividad, desinhibición u otras
conductas no deseables. Así, por ejemplo,
una persona que presenta desinhibición
verbal tiene que dar una moneda cada
vez que canta, grita o insulta; o bien,
que su asignación económica diaria o
semanal pueda verse reducida ante la
presencia de determinadas conductas
inadecuadas.
La Organización Mundial de la Salud
define la rehabilitación como aquellos
procesos destinados a permitir que las
personas con discapacidad alcancen y
mantengan un nivel óptimo de desempeño
físico, sensorial, intelectual, psicológico
y/o social. En este contexto, el propósito
de la rehabilitación neuropsicológica es
promover la recuperación de las funciones
cerebrales alteradas, mejorar la capaci-
dad funcional del individuo, tratar con
sus experiencias de pérdida y ayudarle
a encontrar, de nuevo, sentido a la vida.
Al planificar, implementar y evaluar un
programa de rehabilitación neuropsi-
cológica en personas con ictus es perti-
nente considerar los siguientes aspectos:
— Las lesiones neurológicas
pueden afectar el funcionamiento
cognitivo, emocional y
comportamental, por lo que
se hacen necesarios enfoques
holísticos que entiendan la
globalidad de la persona.
— Identificar los puntos fuertes
y débiles tanto a nivel cognitivo
como emocional-comportamental.
— Evaluar las demandas y
apoyos disponibles en el entorno
físico-social.
— Trabajar con las personas con
ictus y sus familias.
Es indiscutible que la persona con
ictus es el actor principal sobre el
que inciden los diversos profesionales
neurorehabilitadores, pero la familia
también desempeña un papel desta-
cado. Contar con los familiares como
agentes involucrados en el proceso
rehabilitador resulta imprescindible
para garantizar el éxito de los progra-
mas de rehabilitación. Al compartir
con los pacientes un mayor número de
horas, se encuentran en una posición
única para fomentar en el individuo
el uso de estrategias compensatorias
o actuar como control externo, así
como favorecer la generalización
de los aprendizajes adquiridos en
las sesiones de rehabilitación. Hay
que señalar que esta situación es un
factor de riesgo en el desarrollo de
trastornos emocionales en la familia.
Ninguna familia está preparada ante
la aparición de un ictus y cuando este
irrumpe crea una crisis inmediata
en el seno familiar, puesto que mo-
difica las relaciones que se habían
establecido entre sus miembros, y
asimismo se alteran las expectativas
y objetivos de la unidad familiar. En
este marco, el ictus afecta profun-
damente las relaciones familiares, y
mina la capacidad de adaptación y
ajuste, tanto del afectado como de
sus allegados.
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