Sobre Ruedas 91 - 2016 - page 19

Sobre Ruedas /
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Era la última jornada de competición,
había conseguido ya cinco medallas,
pero ninguna victoria. España ne-
cesitaba un oro, pues de este metal
andaba la selección escasa. Estaba
agotada físicamente. Había acudido
a la cita paralímpica sobrecargada b
de entrenamiento y no podía más. En
las clasificatorias hice el peor tiempo
posible, aunque pasé a la final. Me
pasó algo curioso. Tras la comida me
recluí sola en la habitación, tumbada
en la cama y con el pulsómetro pues-
to. Comencé a visualizar la carrera,
paso a paso, metro a metro, sonido
a sonido. La nadé mentalmente. En
ese momento miré mi pulsómetro y
marcaba 170 pulsaciones. Unas horas
más tarde salí a nadar la prueba,
era la última oportunidad. Me lancé,
nadé y gané.
¿Y el próximo reto? ¿Cómo llevas la
preparación para los Juegos Olímpicos
de Río?
En este mismo momento estoy inmersa
en ello. Acabo de estar durante tres
semanas entrenando en el Centro de
Alto Rendimiento de Sierra Nevada.
Después viajo a Río de Janeiro para
tomar contacto con la piscina donde
tendrán lugar las pruebas en septiembre
y, nada más volver de Brasil, vuelo a
Portugal para disputar el Campeonato
de Europa... ¡La cita europea será un
gran test de situación!
Además de contar con un palmarés
deportivo, la vida de Teresa Perales
es mucho más. ¿De qué te sientes más
orgullosa?
Sin ninguna duda, de ser madre de
un precioso niño. Es la mejor y más
grande medalla, por encima de todas,
deportivas y/o sociales.
¿Cómo ha sido tu experiencia de ser
madre y cuidar a tu pequeño desde
la silla de ruedas?
Como te digo, es mi mejor experien-
cia. Me he apañado siempre muy
bien con la silla. Quizá durante el
embarazo, al haber cogido muchos
kilos, me resultaba más difícil con-
trolar los movimientos. Nano me ha
visto siempre en silla y todo ha sido
muy normal. De más pequeño era la
envidia entre sus amigos, pues todos
querían subirse como él encima de
mí para ir sobre ruedas…
Durante mucho tiempo has estado
implicada también en política, y has
sido incluso diputada en las Cortes de
“Me recluí sola en la habitación, tumbada en la cama y con
el pulsómetro puesto. Comencé a visualizar la carrera, paso a
paso, metro a metro, sonido a sonido. La nadé mentalmente. En
ese momento miré mi pulsómetro y marcaba 170 pulsaciones.
Unas horas más tarde salí a nadar la prueba, era la última
oportunidad. Me lancé, nadé y gané.”
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