Sobre Ruedas 90 - 2016 - page 18

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/ Institut Guttmann
mayoría, pero vemos que en Holanda
su número ha aumentado.
En Inglaterra, Gales y Escocia se
han cerrado casi todos los hospitales
especiales.
El querer normalizar la vida de tantas
personas que habían vivido en institucio-
nes toda o parte de su vida, y de tantas
otras personas con discapacidad que
querían o anhelaban independizarse,
obligó a construir miles de viviendas
y a tener que dar mucha atención y
servicios. Estas viviendas de alquiler
no se diferencian en nada de otras
viviendas, y tienen al municipio como
garante de su funcionamiento.
Hoy, con el retrovisor puesto se pue-
de constatar que tantas reformas
en tan poco espacio de tiempo no
fueron del todo exitosas. Como en
España con la Ley de Dependencia
o en Suecia con la ley llamada LSS
(Ley de apoyo y servicios a personas
con alguna discapacidad), el número
de personas a las que esas reformas
iban en principio a beneficiar parecía
ser totalmente desconocido por la
clase política. No se llegó a com-
prender del todo el alcance real de
tantas decisiones políticas tomadas
en poco espacio de tiempo. De allí
los fallos más económicos que otros.
De esos años se aprendió mucho, y
los logros han significado un antes y
un después en una sociedad abierta
y comprometida con la discapacidad
como la sueca.
Hoy ya hasta el lenguaje ha cam-
biado. Hoy casi se han olvidado los
períodos o décadas donde Accesibi-
lidad y Normalización eran palabras
de uso diario. Hoy se habla más de
Integración, de Inclusión y de Inno-
vación. Las ayudas se han hecho, en
la mayoría de los casos, sostenibles,
y los recortes presupuestarios no han
supuesto grandes cambios.
Han disminuido las luchas casi eternas
para ver reconocida la discapacidad
de uno como una llave para entrar
en el reino de las ayudas, fueran
económicas o de otra índole. Hoy,
gracias a tratados, leyes, convenios
y experiencias diversas, la disca-
pacidad en Suecia está presente en
todos los ámbitos, y esto facilita los
cambios. ¿Pero?
Pero sólo con la presencia se cam-
bia poco.
Un amigo mío, presidente de una de
las mayores federaciones que repre-
sentan a personas con discapacidad
en Suecia, me contaba el otro día el
descontento que hay entre sus miem-
bros. Hay un gran descontento por
cómo la Convención Internacional
de las Personas con Discapacidad se
aplica en el día a día. Suecia, país
neutral con gran peso internacional,
me decía mi amigo, critica duramente
a países donde no se respetan los
derechos humanos, pero no hace lo
mismo con municipios o regiones que
incumplen esa Convención.
Eso se ha de cambiar, me decía él
en un tono más alto y reivindicativo.
Hoy vivimos en sociedades donde los
cambios, muchas veces demasiado
rápidos, dividen y fracturan. Donde
muchas veces a las partes interesadas
“Hoy, con el retrovisor puesto se puede constatar que
tantas reformas en tan poco espacio de tiempo no fueron
del todo exitosas.”
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