Sobre Ruedas 89 - 2015 - page 7

Historias de una nueva vida
Pero enseguida empezamos a ver que
todo el mundo era muy agradable con
nosotros y, a pesar de la gravedad de
la situación, empezamos a sentirnos
muy a gusto. Muchas personas me han
dicho, “¡debía de ser horrible estar
en el Guttmann!” y yo siempre he
contestado que no, todo lo contrario,
que tengo muy buenos recuerdos de
allí y mi familia también. Había muy
buen ambiente, en todas partes.
Los enfermeros entraban ya de
buena mañana en la habitación de
buen humor y bromeando. Compartí
muchos meses habitación con Anna
Monllau y siempre recordaremos un
enfermero que cada día nos traía
una selección de música diferente.
Los fisioterapeutas y auxiliares eran
también muy bromistas. En el gim-
nasio había alegría. Nunca olvidaré
a Xavi y a Salva: ¡cómo nos hacían
reír! ¡Cuando me los encuentro ahora,
los veo igual! Incluso el Dr. Sarrias,
a quien veía serio y me daba mucho
respeto, era encantador.
Una terapeuta, Ana Pulido, venía
a la habitación para enseñarme a
vestir, a arreglarme... Me encantaba,
ya la esperaba. Me decía que tenía
que estar guapa y siempre me traía
cosas para el pelo, me hacía peina-
dos, me animaba a que me depilara
y me cuidara como antes... Yo ya era
presumida, ¡pero creo que Ana hizo
que lo fuera aún más!
Los médicos hacían su trabajo durante
el día y, por la noche, el día que tenían
guardia, recuerdo que el Dr. Vidal,
los martes, y el Dr. Borau, los lunes,
venían a vernos a la habitación, se
sentaban a nuestro lado y pasaban
un buen rato hablando con nosotras.
Claro que de paso comían bombones,
Siempre he sido una persona
activa e inquieta, pero en el
Guttmann me dieron el coraje
para vivir de esta manera
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