Sobre Ruedas 88 - 2015 - page 23

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Experiencias
Pero un día de febrero de 2013, es-
tando en mi puesto de trabajo, mi
cabeza empezó a girar y el equilibrio
me estaba fallando hasta el punto de
que casi no podía mantenerme en pie.
Enseguida vi que algo grave me esta-
ba pasando y le dije a un compañero
que me llevara al hospital. Nada más
llegar me detectaron un ictus isqué-
mico situado en la base del cerebro
(territorio vertebro basilar).
Estuve tres meses ingresado en dos
hospitales. Las secuelas del ictus fueron
una severa disfagia y una pequeña
parálisis facial. No podía ingerir nin-
gún alimento ni bebida que no fuera
a través de una sonda gástrica.
Mi estado empeoró notablemente a los
tres días del percance, debido a una
complicación producida por una neumo-
nía bilateral. Los médicos dieron a mi
familia una esperanza de vida del uno
por ciento. Estuve varios días en coma
inducido y hubo que hacerme una tra-
queotomía que llevé durante seis meses.
Superé la situación, pero no eran muy
optimistas con la disfagia. Dijeron
los especialistas que si en un año no
podía volver a comer, probablemente
no lo haría ya nunca.
Tuve la inmensa suerte de que me
hicieran una videofluoroscopia en el
Institut Guttmann. La prueba salió
mal, pero aquí no me pusieron plazos
para volver a comer y esto me dio
mucha moral para seguir luchando.
En el Institut Guttmann me brindaron
la oportunidad de iniciar una serie de
sesiones de electroestimulación compa-
ginadas con logopedia, pero la prueba
también salió mal. Habían pasado seis
meses y seguía exactamente igual. Pero
yo seguía obstinado en pensar que podría
superar la disfagia, a pesar de que no
tenía el apoyo de mi familia, que no
creía demasiado en estas sesiones.
Al cabo de tres meses más pude hacer
otra serie de sesiones, y ya cuando
hice la videofluroscopia se vieron
los primeros resultados positivos: ya
podía ingerir determinados alimentos
en pequeñas cantidades.
Tuve que hacer dos sesiones más, en
cada una iba mejorando, hasta que,
al cabo de casi veintidós meses, he
logrado por fin lo que me había pro-
puesto, comer y beber como antes de
mi enfermedad.
Mi alegría fue inmensa, ya que mi
tenacidad, esfuerzo y ganas de cu-
rarme vencieron a la disfagia y no les
dieron la razón a los que no me daban
muchas esperanzas. ¡Valió la pena!
Yo animo a las personas que se puedan
encontrar en casos parecidos al mío,
a que no desfallezcan, que repitan los
ejercicios que les pongan, más veces
de las que se pueda, como hacía yo, y
siempre pensando en que la curación
era posible.
Y, por último, quiero dar las gracias
a las logopedas que trataron mi caso,
por el apoyo y ánimo que en todo
momento me ofrecieron y, cómo no,
al Institut Guttmann, sin ellos esto
no hubiera sido posible.
Norbert Lasalas
Valió la pena
Me llamo Norbert y nací hace 63 años. Desde pequeño he tenido verdadero pánico a los médicos, aunque por suerte no
había tenido enfermedades importantes.
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