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aceptadas por los demás. Tenemos que admitir que las
personas con discapacidades tienen cosas importantes
que decir que van más allá de hacer explícitas sus nece-
sidades más inmediatas. En definitiva, las personas con
discapacidades pueden comunicarse con su entorno y,
por lo tanto, lo que debemos cuestionar es la habilidad
de la sociedad -del entorno social- para aceptar y en-
tender su capacidad de comunicación y la forma en que
esta se produce. Naturalmente, una operación de esta
naturaleza no se puede realizar por motivos puramente
sentimentales: el destino de nuestra cultura depende, en
gran medida, de nuestra habilidad en saber reconocerlo.
Hemos de tener presente que la integración social de
estas personas es un proceso dinámico y no una manera
determinada de vivir. Es un proceso en el que ha de tener
lugar, no solamente la comunicación física y funcional,
sino también la social, con la exigencia que comporta su
participación activa en la vida comunitaria, sin más límite
que el de sus propias capacidades. Así pues, el niño, el
adolescente, el adulto con discapacidades, como cualquier
otra persona, ha de encontrase en una situación que le
permita participar, de acuerdo con sus posibilidades, y
de la forma más amplia posible, en la toma de decisiones
sobre su vida y sobre su entorno social.
Hoy en día, los servicios sociales especializados, las
asociaciones a favor de las personas con discapacidades
y los profesionales han de aceptar el reto y la responsa-
bilidad de hacer posible la comprensión de la forma de
comunicarse de estas personas y la aceptación social de
su mensaje. Han de ser conscientes de que si existen es
porque muchas personas con discapacidades aún no han
alcanzado el conocimiento y control de su situación, y
han de admitir que pueden y deben ayudarles a conseguir
este conocimiento y control. El proceso de integración
social no se basa únicamente en la transformación y
mejora de los servicios, ni tampoco de los programas
que en ellos se desarrollan, sino de cambios a un nivel
mucho más profundo, cambios que involucran la escala
de valores sociales e, incluso, los juicios éticos. El salto
de la segregación a las prácticas integradoras implica la
modificación de algunas actitudes fundamentales frente
a las personas con discapacidades. De esta manera, su
reconocimiento real como sujetos de derecho deviene
el eje central de una rueda en la cual los principios de
integración social y de personalización de la respuesta
son los radios vertebradores, de la misma manera que su
participación activa como protagonistas insubstituibles en
las decisiones que afectan a su vida personal y comunitaria
constituye el motor que la mueve, haciendo así posible su
avance hacia logros cada vez más amplios.
Sobre Ruedas /
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