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Sobre Ruedas /
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Experiencias
me permitía en algún momento volver
la vista a ambos lados y divisar cómo
resaltaba el color rojizo de las dunas
por las que, de vez en cuando, alguna
manada de dromedarios, siguiendo a
algún hombre vestido con colores vivos
y turbante, rompía el vacío del paisaje.
El viento, que cada vez soplaba con
más fuerza, era la única sinfonía que
me penetraba los tímpanos, la única
compañía, además de Carles.
A medida que íbamos avanzando,
parecía que los elementos se ponían
más en nuestra contra. El viento de
cara era cada vez más fuerte y nos
oponía resistencia. De repente, el
camino se perdía bajo un espesor de
arena y, por primera vez, me quedé
clavado con el trike.
Pese a que hacía fuerza con las piernas
y giraba el manillar hacia un lado y
hacia el otro para buscar un punto de
tracción e intentar salir, la rueda tra-
sera patinaba y patinaba. Finalmente,
conseguí avanzar un par de metros
más, pero allí ya no hubo manera.
-Tranquilo, parece que es solo este
pedazo -me dijo Carles, que había
bajado de su bici para empujarme
unos cuantos metros.
El viento continuaba soplando de cara
y con mucha intensidad, levantando
una especie de cortina de arena. Pa-
samos aquellos metros después de los
cuales parecía que la cosa tenía que
volver a mejorar, pero el camino se
volvía a tapar de arena y el trike se
atascaba nuevamente.
-¿Quién decía que esto era asequible?
-exclamé mientras luchaba por vol-
ver a hacer avanzar el trike. -Quizá
vayamos mejor fuera pista, aunque
haya más piedra.
-Intentemos guiarnos por las roda-
das anteriores que todavía veamos
que no se hayan hundido -me sugirió
Carles- y si no, como tú dices, salimos
fuera pista.
La climatología iba empeorando y
hacía que la carrera se fuera com-
plicando a medida que avanzábamos.
Conseguí hacer unos cuantos metros
más, siguiendo las rodadas de los
ciclistas que habían pasado delante
de nosotros. Costaba mucho, por la
resistencia de la arena que había
dejado la tormenta de la noche an-
terior, y las piernas se me cargaban,
pero ver que avanzaba, junto con los
sorbos de agua mezclada con sales,
me hacía continuar.
¡Viva, creo que le he cogido el tranquillo!
Isma, puedes hacerlo, te juegas mucho,
has creado expectativas. Tienes a los
patrocinadores esperando que llegues, es
tu reto y al otro lado te espera la satis-
facción más bestia de tu vida. ¡Fuerte,
aprieta fuerte!
Estos pensamientos me
daban fuerza mientras iba sintiendo
cada vez más la resistencia del viento
en contra y la carga en las piernas
iba aumentando. La ilusión de haber
descubierto el secreto para ganar en
la arena volvió a esfumarse cuando el
trike patinó de nuevo, sin que lograra
sacarlo de allí por mis propios medios.
Estaba requiriendo un apoyo cada vez
más seguido de Carles. Pero yo sabía
que estaba preparado para hacerlo.
-Fuera pista, Carles, salimos fuera,
hay más piedra, pero quizá vamos
mejor -dije con tono de tensión.
Parecía que iba mejor, pero incluso
fuera pista volvían a aparecer los ríos
de arena. Carles bajaba de su bici, me
empujaba un trozo y volvía a buscar
la suya. Cada vez era más y más
continuo. De pronto, giré la cabeza
un poco y vi el coche escoba justo
detrás nuestro. No quería abandonar.
-¡Hasta aquí, Carles! Ahora ya sé
dónde está mi límite, para qué estoy
preparado y que necesito trabajar más.
El coche escoba nos recogía a la mitad
del camino. A la semana siguiente,
volvía a estar en el gimnasio entre
bici estática y pesas con las piernas.
Ismael Garcia
“Me había entregado duro durante el últimomes ymedio para
conseguir aquellameta, pero los elementos se imponían.”
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