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Sobre Ruedas /
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de una persona no depende únicamente
del grado de limitación funcional, sino
de aquellos facilitadores u obstáculos
personales o ambientales. Estos son
los que van a determinar el grado de
limitación o restricción para realizar una
actividad o participar en la sociedad. Así
la discapacidad deja de ser una etiqueta
o un atributo individual, para ser un gra-
do del funcionamiento de las personas.
Funcionamiento
versus
discapacidad.
En el caso de la LAPAD, pese a ser una
norma posterior a la CIF y recoger en
sus principios muchos postulados de
esta, no incorpora el modelo social, sino
como plantea Rafael de Asís
ii
mantiene
el modelo médico-rehabilitador como
modelo único. En este sentido, tiene
razón Luis Salvador Carulla
iii
cuando
advierte de la necesidad de avanzar
en la investigación, debate y consenso
sobre un paradigma del Funcionamiento
en el marco de referencia de la CIF
que ayude a legisladores y políticos y
planificadores en su misión.
La Convención Internacional, por otro
lado, hasupuesto, comoseñalael Informe
Olivenza (2010), un cambio paradigmá-
tico a la hora de abordar el fenómeno
de la discapacidad en el sistema de
protección de los derechos humanos y
sobretodo un punto de inflexión en el
abordaje de la discapacidad, al quedar
obligados, los Estados ratificantes, a
adaptar su legislación interna a los
principios y valores que la inspiran.
En este sentido, la Convención deja
de poner el acento únicamente en las
limitaciones individuales como origen de
la discapacidad, incidiendo en aquellos
factores de índole social que impiden a
las personas con discapacidad de dis-
frutar de sus derechos en igualdad de
condiciones que el resto de la sociedad.
El artículo 19 de la Convención habla
del derecho a vivir con independen-
cia y participar en la comunidad. Esta
idea de vida independiente sí que está
íntimamente ligada con el principio
de autonomía personal y es uno de los
referentes actuales de la éticamoderna.
La libertad de elección lleva aparejado
el reconocimiento de la integridad física
(satisfacción de las necesidades básicas)
y de la integridad moral (autonomía e
independencia) y todo ello, como plantea
Rafael de Asís, configura lo que enten-
demos por dignidad humana: libertad
de elección, autonomía, independencia
y posibilidad de elaborar planes de vida.
Pero hay que recordar no hay Dignidad
(derecho) sinunaVidaDigna(lacapacidad
de acceder a ellos y poder ejercerlos).
El desarrolloreglamentariode laLAPAD,
a pesar de las últimas disposiciones de
2011
iv-v
, dista aún de poder garantizar
prestaciones y servicios que promocionen
la autonomía y la vida independiente.
Ejemplo de ello es el escasísimo desa-
rrollo de la figura del asistente personal
y su restricción solo a las personas con
dependencia severa de grado III o bien
la limitación de esta figura clave solo
a los ámbitos de la formación, el tra-
bajo o realización de las ABVD
vi
de las
personas con discapacidad, obviando la
importancia de esta figura para la vida
de relación y de participación social
como factores de desarrollo personal. No
obstante, es justo reseñar que algunas
normativas autonómicas, como en el
caso de la Generalitat de Catalunya,
han elaborado normativa de cartera
de servicios
vii
supliendo estas carencias
de la ley, si bien no como un derecho
subjetivo y con unmuy tímido desarrollo
de estas prestaciones y servicios.
Otra de las cuestiones que no contempla
la LAPAD en relación a la promoción
de la autonomía personal y la vida
independiente es la capacidad de elec-
ción de la persona entre un servicio
residencial o prestaciones económicas
por un valor económico similar. Y ello
como mínimo, pues cada vez más son
los estudios
viii
que ponen en evidencia
el “agravio comparativo económico”
que supone para una persona con una
discapacidad–especialmente los grandes
discapacitados físicos realizar una vida
“...hay que recordar no hay
Dignidad (derecho) sin una Vida
Digna (la capacidad de acceder
a ellos y poder ejercerlos).”
Dossier de actualidad | Autonomía personal y discapacidad