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/ Institut Guttmann
Ángel Gil
Coordinador de programas sociales y sociosanitarios
Institut Guttmann
Dossier de actualidad
Autonomía personal
y discapacidad
La autonomía personal en el marco
de la “ley de dependencia”
Un claro ejemplo de ello ha estado “la
asociación de facto” del concepto de
autonomía personal como el “opuesto”
al de dependencia, tal y como en cierta
forma se realizó en la Ley de promoción
de la autonomía personal y atención a
las personas en situación de dependencia
(LAPAD) del año 2006. Como recuerda
Demetrio Casado
i
a LAPAD incorporó
en la fase de tramitación como proyecto
de ley otro objeto diferente para el que
estaba inicialmentepensada: laautonomía
personal. Ello fue debido a la presión
ejercida por unos colectivos que no se
sentían representados en el proyecto ante
le posibilidad de perder una oportunidad
legislativa de otorgamiento de derechos
subjetivos. Sin embargo, la LAPAD, a
pesar de dejar claro en su artículo 2 la
diferencia conceptual entre autonomía y
dependencia, al final restringe la autono-
mía solo a las personas con dependencia
funcional. Nadie duda que la LAPAD
ha supuesto un gran avance en materia
de protección social y de derechos, pero
el hecho de haberse elaborado desde la
burocracia garantista del actual derecho
administrativo y centrada en la gestión
de los servicios ha generado por una
parte, que la gestión de la ley sea muy
compleja y seguramente poco eficiente
y, por otra, que sea una norma a todas
luces insuficiente, para la promoción
de la autonomía personal.
Autonomía personal, a diferencia de la
dependencia funcional, es un concepto
que no tiene que ver con la acción, sino
con la decisión de cómo vivir y, por
tanto, con la percepción subjetiva de
ser capaz para lograrlo. Cabe tener en
cuenta dos hechos relevantes ocurridos
a lo largo de la última década y que han
ayudado decisivamente a avanzar en la
conceptualización de lo que entendemos
por “discapacidad”. Hechos que han
influido decisivamente en el proceso
de cambio paradigmático sobre cómo
entendemos y abordamos este fenómeno
de la realidad social. A saber, uno es la
Clasificación Internacional del Funcio-
namiento, de la Discapacidad y de la
Salud - CIF (OrganizaciónMundial de
la Salud, 2001) y el otro la Convención
Internacional de las Naciones Unidas
sobre los derechos de las personas con
discapacidad (2006), ratificada por el
Estado Español (2008). A partir de la
CIF, se introduce la dimensión social o
de contexto. Es decir, el funcionamiento
Los psicolingüistas nos han enseñado que el lenguaje es un estructurador del pensamiento. Sin embargo, muchos términos
lingüísticos se utilizan con frecuencia de una forma “equívoca” no suficientemente adecuada para designar o “atrapar”
ciertas realidades, generando, por tanto, confusión y siendo necesario que el tiempo y el uso los acaben resituando.