Page 16 - Sobre Ruedas - Revista 78

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/ Institut Guttmann
El dolor neuropático se debe, principalmente, a una le-
sión en el sistema nervioso, a un mal funcionamiento de
este y es un proceso dinámico que no se puede explicar
con una sola teoría o mecanismo único. En la última
década, numerosos estudios describen que, tras la lesión
medular, ocurren importantes cambios plásticos no solo
a nivel de la propia médula espinal, sino también a nivel
cerebral, ya que el sistema nervioso intenta reorganizar
sus circuitos funcionales tras el daño de un segmento. El
daño neuronal inicial es sólo el principio de una cascada
de cambios fisiológicos y bioquímicos generados por el
daño isquémico o traumático en la médula, que se va
reproduciendo a todos los niveles del sistema nervioso y
se va amplificando a medida que la vía neural aumenta
de tamaño (ver Figura 1) hasta llegar al cerebro.
El cerebro es el órgano más importante del sistema ner-
vioso central. Los estímulos sensitivos correspondientes al
tacto, la presión, el dolor o la temperatura que se regis-
tran en la superficie del cuerpo o interior del organismo
han de recorrer un largo camino para ser percibidos: los
receptores específicos que detectan los estímulos (bajo
la piel y distribuidos por todo el cuerpo) generan unos
impulsos nerviosos que se transmiten a través de fibras
nerviosas hacia la médula espinal y a lo largo de vías
específicas hasta el cerebro, donde las sensaciones se
hacen conscientes. Un dato sobre su envergadura es que
se calcula que, en la superficie corporal, hay alrededor
de 4 millones de receptores para la sensación del dolor
y 500.000 para la presión. Todas las señales proceden-
tes de los receptores sensitivos de todo el cuerpo llegan
hasta una zona concreta de la corteza cerebral, donde se
procesan y se hacen conscientes. Por ejemplo, las señales
del tacto de toda la superficie de la piel del lado izquierdo
del cuerpo están representadas en el hemisferio cerebral
derecho, en una cinta vertical de tejido cortical llamado
giro poscentral. Se trata de una fiel representación de
toda la superficie del cuerpo, casi como si hubiera una
pequeña persona colocada sobre la superficie del cere-
bro. A este mapa se le llama homúnculo (figura 2). En
realidad, existen varios mapas a nivel cerebral pero, para
simplificar, podemos suponer que solo existe un mapa
denominado córtex somatosensorial primario.
Cuando, después de una lesión medular completa o una
amputación, el cerebro deja de recibir señales de los
receptores sensitivos, por ejemplo, de las piernas o un
brazo, tal y como queda ilustrado en la figura 2, decimos
que el territorio correspondiente de la mano o piernas
en la corteza sensorial queda desaferentizado. Como
consecuencia, los campos receptores de otras regiones
corporales adyacentes empiezan a invadir el territorio que
ha quedado vacío, que correspondía a la mano ausente o
piernas afectadas por la lesión. Es decir, el cerebro no suele
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