Page 22 - Sobre Ruedas - Revista 77

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Por suer te, y gracias a la ayuda del equi-
po de rehabilitación, rápidamente consigo
nadar de nuevo y, poco a poco, mejorar
mi estado físico. Como en un círculo ce-
rrado, cuanto más nadaba más recuperaba
y cuanto más me recuperaba mejor y más
podía nadar.
Durante 21 años continué haciendo nata-
ción, a temporadas lo dejaba, pero el ve-
rano siempre era la excusa perfecta para
retomar la actividad. Rara vez tenía opor-
tunidad de salir mar adentro y, a veces,
cuando podía, la incomodidad de según
que embarcación hacía que desistiera.
Solo quedaba una cosa pendiente, el sub-
marinismo. Muchas veces hablaba con gen-
te e intentaba buscar la manera de hacerlo,
siempre sin éxito. Hace tres años me lo
planteé en serio. Decidí buscar en la zona
deTarragona algún lugar donde poder hacer
submarinismo pero, por la falta de experien-
cia de los centros de buceo con lesionados
medulares, me resultó imposible.
Fue entonces cuando encontré una aso-
ciación que se dedicaba a promocionar
deportes adaptados. En octubre de 2009
contacté con ellos y me informaron de las
actividades que ellos estaban realizando.
Casualmente, el 1 de noviembre celebra-
ban la quinta edición de Submarinismo
Adaptado en Barcelona y me invitaron a
participar. Empezamos con una clase teóri-
ca, un buen desayuno y rápidamente baja-
mos a la piscina para tener el primer con-
tacto con el material de buceo, el regulador,
la botella… Sin apenas darme cuenta, ya
tenía el equipo puesto, estaba dentro de la
piscina y sentía una sensación increíble de
relajación e ingravidez. Los instructores me
enseñaban cómo comunicarme, cómo ha-
cer movimientos para estabilizar el cuerpo,
el funcionamiento del equipo, todo debajo
del agua. Incluso nos sentamos en el fon-
do viendo al resto de participantes hacer
la actividad. Media hora más tarde salía de
nuevo a la superficie. Con los organizado-
res y todo un gran equipo de monitores y
voluntarios conseguía, por fin, sumergirme
en esta experiencia.
Ahora faltaba hacer una inmersión en el
mar. EnTarragona contacté con un instruc-
tor de buceo. Después de conversar con
él, me brindó la opor tunidad de hacer un
bautizo en el mar, en un catamarán, enTo-
rredembarra, donde es instructor.
Llegó el verano y allí estaba yo frente al
catamarán, en el puerto deTorredembarra,
con un día estupendo, una mar en calma,
con buena visibilidad y un grupo de ami-
gos que se animaron a descender conmi-
go. Parecía todo perfecto y, por sorpresa,
aún lo fue más. La embarcación tenía una
plataforma elevadora que me permitía
entrar y salir sin tener que dejar la silla y
en el interior me podía desplazar perfec-
tamente. «¡Qué fuerte, un barco adaptado
y nadie se había dado cuenta hasta hoy!»,
fue lo primero que pensé. Nos hicimos a
la mar y durante el trayecto repasamos el
equipo, la explicación del recorrido de la
inmersión y el tipo de fauna marina que
Explorando el mundo submarino
Durante 21 años continué
haciendo natación, a
temporadas lo dejaba, pero
el verano siempre era la
excusa perfecta para retomar
la actividad. Rara vez tenía
oportunidad de salir mar
adentro y, a veces, cuando
podía, la incomodidad de según
que embarcación hacía que
desistiera.
Siempre me ha gustado el mar, nadar, bucear y, sobre todo, disfrutar
de una salida en barca mezclándolo todo. Nadador habitual y
socorrista acuático en piscinas y playas durante los veranos, en
1988, a los 20 años, después de la lesión medular (tetraplejia, C5
incompleta), veo como una de mis pasiones se convierte en un
imposible, igual que la mayoría de cosas que hacia habitualmente.
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