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Neurorrehabilitación
El síndrome
de
Guillain-Barré
El síndrome de Guillain-Barré, conocido también con los nombres de polineuritis idiopática aguda,
polirradiculoneuritis aguda, polineuropatía inflamatoria aguda, polineuritis infecciosa y síndrome
de Guillain-Barré-Landry, es un trastorno neurológico en el que el sistema inmunitario del cuerpo
ataca a una parte del sistema nervioso periférico. Su aparición puede ser brusca e inesperada y
puede presentarse en pocos días o varias semanas. Los primeros síntomas acostumbran a ser debi-
lidad y entumecimiento en las extremidades y estas sensaciones pueden extenderse rápidamente
y terminar por paralizar todo el cuerpo.
La causa exacta del síndrome de Guillain-Barré se desconoce
pero, a menudo, puede aparecer después de una infección viral,
una operación quirúrgica o un traumatismo o como reacción
a una vacuna. Es poco frecuente, ya que lo sufren aproxima-
damente entre una y dos personas de cada 100.000 y puede
afectar a cualquier edad, independientemente del sexo o etnia
de la persona. En la actualidad no se sabe por qué el síndrome
de Guillain-Barré afecta a algunas personas y a otras no. Lo
que sí se sabe es que el sistema inmunitario del sujeto comien-
za a atacar al propio cuerpo. Normalmente, las células del
sistema inmunitario atacan sólo a la materia extraña o a los
organismos invasores, pero en el síndrome de Guillain-Barré el
sistema inmunitario comienza a destruir las vainas de mielina
que rodean los axones de muchas células nerviosas y, a veces,
los propios axones. Cuando se da esta situación, los nervios
no pueden enviar las señales de forma eficaz. Los músculos
comienzan a perder su capacidad de responder a los mandatos
del cerebro que han de transportarse a través de la red nerviosa.
El cerebro también recibe menos señales sensoriales del resto
del cuerpo, lo que conlleva una incapacidad de sentir las textu-
ras, el calor, el dolor y otras sensaciones. Como alternativa, el
cerebro puede recibir señales inapropiadas que se concretan en
sensación de hormigueo en la piel o en sensaciones dolorosas.
Debido a que las señales que van y vienen desde los brazos y
las piernas han de recorrer largas distancias, son las más vul-
nerables a interrupción. Por tanto, las debilidades musculares
y las sensaciones de hormigueo aparecen inicialmente en las
manos y en los pies y progresan hacia arriba.
Durante la primera etapa de la enfermedad, muchos pacientes
tienen que ingresar en una unidad de cuidado intensivo, sobre
todo si necesitan respiración artificial. Si bien la mayoría
de la gente se recupera, incluso en los casos más graves,
la duración de la convalecencia y el grado de recuperación
es muy variable. Entre un 5 y un 15% de los casos pueden
resultar en discapacidades graves. Todavía no se conoce una
cura, pero varios tratamientos pueden aliviar los síntomas
y reducir la duración de la enfermedad.
/ Institut Guttmann
Joan Saurí
Psicólogo
Área NeuroPsicoSocial Institut Guttmann
Historia
Parece que la primera descripción del síndrome procede del
neurólogo francés Jean Baptiste Octave Landry de Thézillat
(1826-1865), quien se refirió a ella en 1859 con el nombre de
“parálisis aguda ascendente”. Sin embargo, ésta fue a parar
a un cajón de sastre donde también estaban la mielitis aguda
y la neuritis periférica.