Page 13 - Sobre Ruedas - Revista 75

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La Entrevista | subsecció
Sobre Ruedas /
13
Autonomía personal
Es evidente que los procesos de individualización incorporan,
también, elementos positivos de autonomía personal, de refor-
zamiento de las opciones vitales… que son muy importantes. La
autonomía personal debe ser un elemento central en los valores
de la época contemporánea. Lo negativo es la consideración
de la autonomía personal como una situación sin vínculos, sin
filiación, sin relación… Hay que distinguir entre una “autono-
mía sin” y una “autonomía con”. Defendemos aquí la idea de
una “autonomía con”, una autonomía personal vinculada a los
otros, articulada socialmente, comprometida con el entorno.
Individualizadora, pero no individualista.
La parte positiva de la autonomía personal es la idea del
empoderamiento, como expresión muy en boga, que apunta
a reforzar la capacidad personal de decidir sobre la propia
vida. De lo que se trata es de ser capaz de decidir cómo quieres
vivir, con qué proyecto de vida, pero al mismo tiempo también
al lado de quién quieres vivir y qué lazos quieres tener con
la gente con la que quieres vivir. Se trabaja, pues, la tensión
entre los procesos de pura individualización (“autonomía sin”)
y los procesos de autonomía, entendida como una autonomía
de vínculos, de relaciones (“autonomía con”).
Los procesos de mayor individualización y las dinámicas del mercado
han ido situando a las funciones de cuidado y de atención como
funciones valoradas en la intimidad y minusvaloradas profesional
y económicamente. La tradición familiar y feminizante de esas
funciones choca ahora con lógicas de autonomía personal de las
mujeres basadas en la equiparación formativa y el acceso generalizado
al mercado de trabajo. Será cada vez más importante el valorar
adecuadamente las capacidades de cuidado y de atención.
Transformaciones sociales
Todo ello tiene que ver con los grandes cambios de fondo de
nuestras sociedades. Uno de los más evidentes es el alargamiento
de la esperanza de vida. Estamos muy lejos de cuando, en 1889,
el canciller de Prusia, Bismarck, fijó la edad de jubilación a
los 65 años, en momentos en que la esperanza de vida no iba
más allá de los 45 años. Necesitamos un cambio profundo en la
lógica de lo que es productivo y de lo que no lo es, pero desde
una lógica que no puede ser sólo la del mercado, incorporando,
por tanto, la idea de lo que es trabajo socialmente útil.
En definitiva, vivimos un cambio de época, no sólo por la
irrupción de Internet, sino por la cantidad de cosas que están
cambiando en nuestras vidas. Son cambios que afectan a la
vida de cada cual, a la vida de las personas. Cambios que
incorporan una gran revolución en la esfera de la autonomía
personal. Y eso es positivo, aunque tenga las secuelas nega-
tivas del individualismo, del “ir por libre”, sin querer asumir
responsabilidades ni vínculos.
¿Cómo afecta todo ello a los servicios a las personas, a los
servicios públicos? De manera general, podemos decir que
cada vez más se relaciona la “calidad de los servicios” con la
“personalización de los servicios”. Venimos de un mundo en el
que la producción de masas, el consumo de masas, se basaba
en productos indiferenciados. Hoy en día, y cada vez más, la
calidad tiene que ver con la personalización, con la capacidad
de adaptación del servicio a la heterogeneidad creciente de
la sociedad. El problema es que nuestras administraciones
siguen ancladas en la “producción de masas” y no han hecho
aún el salto hacia la personalización de los servicios. Su visión
de los ciudadanos es como grandes agregados homogéneos,