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Lóbulo frontal
No se puede hablar de alteraciones de
conducta sin hacer mención del lóbulo
frontal, el área del cerebro situada en la
parte más anterior del cráneo, justo por
detrás de la frente, que es el responsable
de las principales formas de actividad
mental como son la inteligencia, la crea-
tividad, el razonamiento abstracto y las
habilidades conceptuales. Es, también,
el que nos hace humanos, inteligentes y
sensibles y nos permite aprender de las
experiencias y regular nuestro comporta-
miento dependiendo de cada situación.
Para hacernos una idea de su importancia en los humanos, cabe
decir que el lóbulo frontal ocupa un 33% del cerebro, mientras
que en el chimpancé representa el 15% y en los gatos un 3%.
Los lóbulos frontales conectan con estructuras profundas del ce-
rebro y con el lóbulo temporal, áreas que intervienen en funciones
emocionales, hormonales, viscerales, sensoriales y autonómicas.
El correcto engranaje de estos sistemas produce como resultado
que el individuo pueda regular su comportamiento de acuerdo
con cada situación teniendo en cuenta las experiencias previas y
que pueda guiarse por objetivos e involucrarse productivamente
en diferentes facetas de la experiencia humana.
Así, un mal funcionamiento de este sistema regulador provoca
en la persona que lo sufre un estado de desinhibición del com-
portamiento y de alteración de las emociones, que se manifiesta
con tendencia a la irritabilidad, cambios bruscos de humor,
impulsividad, comportamiento inapropiado en el ámbito social
o familiar y, en casos más graves, agresividad verbal o física.
Causas del daño cerebral adquirido
No sólo los traumatismos provocan lesión cerebral, también
los ictus (hemorragias o infartos de arterias cerebrales), los
tumores, las encefalitis y la encefalopatía anóxica (falta de
oxígeno en el cerebro). Hemos de tener en cuenta que estas
lesiones difieren entre sí por factores como el área del cerebro
afectada o la extensión de la misma; algunas de ellas son
localizadas, mientras que otras afectan a áreas muy amplias
o, incluso, a todo el cerebro. En este sentido, las manifes-
taciones, evolución y pronóstico entre los diferentes tipos de
daño cerebral no son comparables.
Finalmente, existen unos factores propios del paciente que
pueden condicionar de forma negativa la evolución de las alte-
raciones conductuales. Estos factores son la historia de consumo
habitual de alcohol y tóxicos, la edad avanzada y la existencia
previa de patología psiquiátrica, retraso mental, desórdenes del
desarrollo o del aprendizaje o una lesión cerebral.
Fases del daño cerebral
Dependiendo del momento evolutivo en el que se encuentre
el paciente, podremos observar una serie de alteraciones o
cambios en el comportamiento. Las fases que se describen a
continuación no tienen una duración concreta ni se presen-
tan siempre en el mismo orden y las manifestaciones pueden
variar dependiendo del tipo de lesión cerebral y en cada caso
en particular.
En general, durante los primeros días o semanas el paciente
puede no comunicarse, mostrarse confuso y no reconocer a sus
familiares; es frecuente la desorientación en lugar, tiempo e
incluso en persona; puede tener un discurso incoherente, pre-
sentar una gran inquietud motora que en ocasiones llega a la
agitación o tener alucinaciones que, generalmente, son de tipo
visual (ver animales, personas fallecidas, fuego).
En ocasiones, desde la primera fase es evidente un estado de
desinhibición, impulsividad y cambios de humor. Generalmente
estas alteraciones se van atenuando con el tiempo y con los
diferentes tratamientos instaurados. Posteriormente, hay
un periodo subagudo o de transición en el que el paciente
recupera, de forma progresiva, la orientación, el sentido de
sí mismo, el reconocimiento de las personas y la coherencia
en sus ideas, pudiendo recobrar, parcial o completamente, su
funcionamiento mental previo.
En fases crónicas, cuando han pasado muchos meses de la
lesión, estos cambios en el comportamiento son más eviden-
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