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La Entrevista | subsecció
Este aprendizaje de la autonomía personal es, en muchas
ocasiones, imperceptible porque se trata de la reivindica-
ción del poder de decisión en asuntos relacionados con las
necesidades básicas y la autoafirmación de poseer cierto
control sobre sus vidas. Como ilustración de esta idea, se
puede observar que en ocasiones las reacciones agresivas, e
incluso violentas, de las personas cuyos problemas motores
y cognitivos son más graves se explican exclusivamente
como consecuencia de las secuelas conductuales propias
del daño cerebral y pocas veces son vistas como un intento
de autoafirmación en el estrecho margen que tienen para
tomar decisiones en su vida.
El proceso de recuperación de la autonomía comporta la preten-
sión de recuperar atribuciones propias de la vida adulta, entre
ellas la posibilidad de participar en actividades significativas y
relevantes para la persona, el derecho a disfrutar de relaciones
sexuales y de pareja y la autogestión. El logro en estos propósitos
está profundamente condicionado, además de por la continua
negociación y reajuste de los roles familiares, por la situación
económica que se afronte, los condicionamientos legales que a
veces tienen que soportar y por la escasez de recursos y servicios
apropiados para esta población
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. Es especialmente remarcable
la carencia de residencias para gente joven, pisos tutelados y
servicios de asistencia personal, así como de recursos que generen
oportunidades de participación activa en la sociedad.
Otro hecho que impacta negativamente en el proceso de re-
cuperación de la autonomía es la
pérdida del entorno social
determinada por el prolongado tiempo de hospitalización, el
cambio de domicilio que algunos se ven obligados a hacer
por problemas de acceso en su residencia habitual y por el
propio momento vital en que se suelen dar los accidentes
(en muchos casos coincide con el paso de la juventud a la
edad adulta). Pero los motivos principales que alegan las
personas con TCE a la carencia de redes sociales (previas
o posteriores al accidente) son la falta de información y
el miedo o desconcierto que provoca en la mayoría de la
gente el daño cerebral adquirido. De igual manera, la poca
diversidad de actividades en las que están implicados en su
vida cotidiana –reducidas en muchos casos a actividades
vinculadas con la rehabilitación de sus capacidades– restringe
las oportunidades de interacción y de establecer nuevas re-
laciones sociales. Ante la falta de un entorno social diverso,
la familia –normalmente padres o esposas– no tienen más
opción que convertirse en los compañeros inseparables de
la persona con TCE, acentuando la relación de dependencia
mutua establecida.
El contacto con los iguales
–con otras personas que han
sobrevivido a un TCE– lleva consigo un proceso difícil de
identificación que no todos ellos están dispuestos a realizar.
Las personas con TCE conforman un grupo tan heterogéneo
A fondo | Vivir tra el golpe
Sobre Ruedas /
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