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Sobre Ruedas /
Tratamiento
Su tratamiento puede abordarse con diferentes opciones: terapia
conductista, rehabilitación del suelo pélvico, farmacología y
cirugía, que detallamos a continuación:
H
Terapia conductista,
es decir, realizar modificaciones en los
hábitos que van a contribuir en el control de la incontinencia.
La cumplimentación de un diario miccional nos mostrará las
horas del día en las que se produce la ingesta de líquidos y su
volumen, los episodios de incontinencia, los volúmenes de las
micciones y las incidencias destacables. Es la herramienta
que complementa el interrogatorio y pone de manifiesto las
alteraciones clínicas.
Será de ayuda el estudio de los itinerarios, que son los circuitos
que debemos conocer al salir de casa y que nos van a permitir
saber dónde se encuentran los lavabos accesibles o de higiene
suficiente. Y también las maniobras de facilitación del vacia-
do vesical, como son la percusión hipogástrica, la expresión
manual de la vejiga (maniobra de Credé), la localización de
zonas gatillo (
trigger
), que facilitan la contracción de la vejiga
o, incluso, las posiciones más favorables (flexión anterior del
tronco, posición en cuclillas) o el empleo de la propia prensa
abdominal. Estas maniobras se pautarán según los resultados
de las pruebas diagnósticas.
H
Rehabilitación del suelo pélvico:
es un conjunto de manio-
bras encaminadas a la potenciación de la musculatura del
suelo de la pelvis, que constituye el sostén de órganos como la
vejiga, el recto y la uretra. De la correcta situación y potencia
de estas estructuras se obtendrá un adecuado funcionamiento
de los elementos de control pasivo, como el cuello vesical. Es
fundamental en el tratamiento de la incontinencia de esfuerzo
y puede facilitar el control de la incontinencia por urgencia, al
poner en marcha mecanismos de inhibición de la contracción
vesical. Estos ejercicios pueden ser voluntarios o pueden ir
asociados a la electroestimulación.
H
Farmacología:
los fármacos actualmente demostrados como
eficaces, aparte de los antibióticos –en caso de infección–, son
los anticolinérgicos. Su función es evitar las contracciones no
deseadas de la vejiga, aumentando su capacidad y, por tanto,
la autonomía, ya sea entre micciones o entre cateterismos
intermitentes. Los más comunes son la oxibutinina y la so-
lifenacina, aunque se investiga continuamente para obtener
principios activos siempre más selectivos y con menos efectos
indeseables (sequedad de boca, visión borrosa, etc.).
También pueden ensayarse los alfa-bloqueantes simpáticos, con
el objetivo de facilitar la apertura del cuello vesical y, con ello,
el vaciado de la vejiga. La respuesta de éstos es muy individua-
lizada y pueden generar, también, incontinencia de esfuerzo o
eyaculación retrógrada. El más difundido es la tamsulosina,
aunque existe una gran variedad de ellos.
H
Cirugía:
los tratamientos quirúrgicos podrían agruparse
en dos grandes grupos, los que irán encaminados a solucionar
la causa de la incontinencia y los que facilitarán el uso de los
elementos de control de la misma.
En la incontinencia de esfuerzo se emplean mallas, algunas
de tensión fija, otras de colocación mínimamente invasiva
y, también, las de tracción variable. Éstas últimas permi-
ten el ajuste de la tensión, al cabo de meses o años tras
la cirugía.
Los esfínteres artificiales, así como las plastias de am-
pliación vesical con intestino, son técnicas que deberán
ser muy bien valoradas, dada su evolución variable con el
paso del tiempo.
Diagnóstico
El diagnóstico se basará en las manifestaciones clínicas y en
el interrogatorio. La exploración física pondrá de manifiesto
el estado de repleción de la vejiga, la presencia de fístulas, el
estado del suelo pélvico y las alteraciones de la sensibilidad o
de los reflejos.
El laboratorio nos aportará el estudio de las infecciones urina-
rias y de algunas enfermedades como la diabetes, que pueden
manifestarse en este sentido. Las exploraciones complementa-
rias, como la radiología, permitirán confirmar o descartar la
presencia de litiasis (RX simple), las alteraciones de las vías
urinarias (urografía intravenosa) o el estado de la vejiga y el
esfínter uretral (cistografía-Cums). La ecografía complementa el
estudio estructural y es una forma sencilla y reproducible de valorar el residuo posmiccional. Pero es el estudio urodinámico el que
definirá, realmente, el comportamiento de vejiga y esfínteres, tanto en la simple flujometría como en la cistomanometría o en los
estudios presión-flujo. Esta prueba es fundamental para la clasificación de las alteraciones neurógenas de la vejiga, así como para
la indicación del tratamiento. Son parámetros de esta prueba la capacidad, contracción, elasticidad y sensibilidad de la vejiga, así
como la coordinación con los esfínteres (sinergia-disinergia) o los que reflejan la magnitud del caudal urinario (flujo).
RX simple. Litiasis
vesical.
Urodinámica. Hiperactividad del
detrusor.