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/ Institut Guttmann
La ética en la práctica profesional
Más allá de la cualificación técnica
Dossier de actualidad
Definir qué es un profesional nos lleva a subrayar la doble dimensión de toda profesión: la técnica y la ética. Cada profesión conlleva
su propio compromisomoral, su propio código ético por el que regirse para resolver conflictos y situaciones complejas.
Vamos a intentar definir, desde un punto de vista teórico, qué es un
profesional, para subrayar la doble dimensión de toda profesión:
la técnica y la ética. A continuación, especificaremos que toda
profesión tiene un bien interno, el cual conlleva un compromiso
moral por parte de todos los profesionales, compromiso que queda
explicitado en las normas morales de los códigos de ética de las
profesiones. Finalmente, veremos que los principios generales de
los códigos de ética muchas veces no permiten resolver conflictos
de valores complejos y, por esta razón, debemos ir más allá y
ejercitarnos en la reflexión y la práctica de la bioética.
¿Qué es un profesional?
Pero creo interesante iniciar esta reflexión sobre la importancia de
la ética en la práctica profesional recuperando un artículomagnífico
de Ángel Castiñeira y Josep M. Lozano, titulado ¿Profesionales?
El artículo es un poco viejo, del año 2003, pero mantiene su total
actualidad. Sus autores plantean la siguiente situación: es habitual
en los medios de comunicación calificar como profesionales a un
asesino o a un ladrón con mucha pericia a la hora de realizar
un delito. Como dicen muy bien Castiñeira y Lozano: “Estos
comentarios no son más que el reflejo de una convicción cada
vez más arraigada en nuestra cultura y que obliga a replantear
la pregunta sobre qué entendemos por profesionalidad. ¿Pueden
caer bajo la misma denominación los asesinos, los abogados, los
ladrones, los médicos y, así, sucesivamente? ¿Por qué nuestra
sociedad y, no lo neguemos, los mismos profesionales parece que
se encuentran cómodos y no reaccionan ante afirmaciones de este
tipo? Creemos que lo que subyace a este planteamiento es la idea
de que un profesional es alguien técnicamente competente que pone
dicha competencia al servicio de unos fines –fines que no tiene
sentido discutir ni cuestionar– a cambio de la correspondiente
remuneración. Así, pues, la competencia técnica se justifica por
sí misma, con independencia de los fines a los que sirva. Hacer
‘bien’ algo es independiente del bien o del mal que se causa con
esta actuación. Se evalúa la corrección del procedimiento y no
el bien inherente a aquella práctica.”
Es cierto, y no puede discutirse, que un profesional es alguien experto
y técnicamente competente en el ejercicio de alguna actividad, pero
dicha actividad se defiende y se justifica por su contribución al
bien común de la sociedad y por los bienes que genera a quienes se
benefician de su ejercicio. Así, la tarea realizada por un profesional
no sólo debe abarcar la dimensión técnica (conocimientos teóricos
y habilidades prácticas), sino, también, la dimensión ética o de
los valores (actitudes éticas). Porque la ética no es un añadido a
la profesión, sino algo intrínseco a la misma, algo que la define,
la dota de sentido y justifica su existencia y su valor. Sin ética
profesional no hay profesión en sentido estricto.
Ester Busquets
Enfermera y filósofa. Colaboradora del
Institut Borja de Bioètica (Universidad
Ramon Llull), profesora de Bioética de
la Universidad de Vic y miembro de la
Comisión Deontológica del Col·legi
Oficial d’Infermeria de Barcelona