Page 22 - Sobre Ruedas - Revista 72

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Dossier de Actualidad
“Mis compañeros han comprendido que
tengo exactamente
lasmismas capacidades que los demás en unmundo sin barreras”
Tras sufrir una lesión modular a consecuencia de un accidente, Marta continuó sus estudios y ahora se prepara para
doctorarse en la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Catalunya.
Hace diez años un accidente de tráfico me dejó con una lesión
medular completa que me obliga a desplazarme en silla de
ruedas. Entonces, tenía casi diecisiete años y estaba a punto
de cursar COU y encarar mi futuro. No negaré que el accidente
me condicionó enormemente en mi decisión y me condujo hasta
donde me encuentro ahora: arquitecta especializada en temas
de accesibilidad.
Empecé mis estudios con ilusión y algo de miedo y, poco a poco,
fui afrontando los distintos obstáculos que se interpusieron en
mi camino. Las clases teóricas, en mi escuela, se daban en
unas aulas pequeñísimas llenas de sillas. Estaban tan llenas
que, a duras penas, había un lugar vacío donde colocarme.
Muchas veces tenía que quedarme en el pasillo central e, in-
cluso, debía agachar la cabeza para no tapar la imagen que
salía del proyector situado al fondo del pasillo. Por suerte,
con el tiempo nos hemos modernizado y ahora los proyectores
cuelgan del techo.
Las sillas eran de ésas con brazo incorporado para poder to-
mar apuntes. Los zurdos y yo siempre acabábamos con dolor
de espalda por intentar escribir de lado con el cuerpo medio
girado. Me compraron una mesilla auxiliar con ruedas para
poder escribir más cómodamente pero, a la larga, dejé de uti-
lizarla, puesto que, si ya suponía un problema moverse con la
silla de ruedas en un espacio tan reducido, imaginaos lo que
era con una mesa a cuestas.
A diferencia de otro tipo de discapacidades que pueden pasar
inadvertidas, la mía es del todo evidente. A nadie se le escapa,
no puedo ocultar que voy en silla de ruedas y eso tiene sus
ventajas e inconvenientes. Si algún día llegaba tarde a clase no
pasaba inadvertida, la gente tenía que levantarse o recolocar
sus pertenencias para dejarme paso. Recuerdo una vez que
varios estudiantes decidimos saltarnos una clase para poder
terminar las tareas de otra asignatura y el profesor sólo me
llamó la atención a mí.
Me vienen a la memoria, también, las correcciones públicas
de proyectos en las que se colgaban los planos en la pared del
fondo del aula, teniendo que cruzar toda la estancia llena de
filas de mesas de trabajo, apartando sillas, pidiendo paso…Me
molestaba que las llamasen “correcciones públicas” cuando eran
inaccesibles para la gran mayoría. Únicamente las primeras
filas de estudiantes podían ver y escuchar las exposiciones y,
nuevamente, gracias a las nuevas tecnologías, esta situación
se ha corregido mediante la utilización de recursos digitales
que permiten que la información llegue más fácilmente a todos
los oyentes por igual.
Uno de los motores principales para el desarrollo de toda
sociedad es la educación y formación de sus habitantes y cabe
reflexionar sobre ello: dado que la inteligencia está repartida
por igual entre el conjunto de seres humanos, excluir algún
colectivo –las mujeres, las clases sociales desfavorecidas, las
personas con discapacidad…– de los estudios superiores su-
pone un perjuicio general. Por lo tanto, garantizar el acceso
al mundo académico para todos, sin excepción, supone un
enriquecimiento para el conjunto de la sociedad. Y, asimismo,
al eliminar las barreras que deben superar día a día los colec-
tivos con necesidades especiales, se establece, paralelamente,
un proceso para su integración en el sistema educativo y la
vida cotidiana del presente y una integración y optimización
de recursos del mercado laboral del futuro.
Matando dos pájaros de un tiro, se establece un proceso de
sensibilización, concienciación y normalización del “mundo
desconocido de las discapacidades” por parte del resto de
Marta Bordas
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/ Institut Guttmann