Page 31 - Sobre Ruedas - Revista 71

Basic HTML Version

La Entrevista | subsecció
Experien ias
¿Igualdad o discriminación?
En boca de todos está la palabra igualdad, igualdad de oportunidades en la escuela, en el trabajo, en nuestra vida social y
pública. Pero, ¿realmente existe la igualdad? Mi experiencia me dice que no. En nuestro país, y en nuestra sociedad, se sigue
practicando la discriminación. Aunque no siempre de manera premeditada, la mayoría de veces la sientes de forma sutil,
pero no por ello menos hiriente.
Se nos discrimina por nuestro
color, por nuestras ideas, por
nuestra tendencia sexual,
por ser gordo, por ser cojo…
Simplemente, por ser distin-
to, diferente. Me gustaría,
a partir de este momento,
hacer una reflexión aludiendo
a lo que significa en nuestra
sociedad “abierta y libre”
vivir tu vida acompañado de
una silla de ruedas.
Nuestros pueblos y ciudades nos privan de una libre movili-
dad. Muchas de las calles son inaccesibles por falta o mala
construcción de los rebajes que nos permiten acceder a las
aceras. En caso de que pretendamos tomar un café, comer
en un restaurante, visitar a un amigo o, simplemente, hacer
nuestra compra diaria, son pocos los edificios o comercios a
los cuales podamos acceder.
Hablemos del transporte público. ¿Alguien se ha preguntado
cuántos taxis adaptados existen? ¿Cómo podemos acceder a
los autocares de línea? ¿Y a Renfe?
En caso de que tú seas una de esas personas que van acom-
pañadas por su silla de ruedas y pretendas vivir una vida
autónoma, disponer de un piso accesible, trabajar en un lugar
donde no existan barreras arquitectónicas, poder escoger
libremente dónde quieres comprar tu comida, tu ropa, acudir
a un teatro, etcétera, lo que para el resto de los mortales es
tan simple para las personas con problemas de movilidad es
prácticamente imposible.
Estamos privados de escoger dentista, podólogo, clínica privada
o cualquier otra especialidad que se encuentre situada en un
edificio que no sea accesible. Por desgracia, la gran mayoría
de servicios que deberían ser públicos se encuentran
en estas circunstancias.
Hablemos ahora de la educación. Los padres y
los alumnos tienen el derecho de poder escoger
libremente el centro donde desean estudiar. La
sociedad y los políticos tienen la obligación de
que ese derecho se pueda ejercer y de que no
exista discriminación de ningún tipo. Lo ante-
riormente citado queda en “bonitas palabras”
cuando el alumno debe ir acompañado de su
silla de ruedas. No todas las escuelas están
adaptadas, por lo cual te ves limitado a acudir a unos centros
determinados, que puede que no sean los que tú elegirías en
otras circunstancias… ¿Podemos considerar que esto es igual-
dad de oportunidades?
Pasemos ahora a las barreras psicológicas, a las morales, a esa
gente “cuadriculada” que jamás se ha puesto en la piel de una
persona que vive su vida en una silla de ruedas, que no ven mas
allá de sus narices, que se rigen por unas normas impuestas
llevando su “funcionariado moral” a límites inhumanos y que,
por supuesto, no se plantean que una puerta estrecha, un lavabo
pequeño, un peldaño, la inclinación exagerada de una calle, una
rampa mal construida, etcétera, imposibilitan y privan a una
persona en silla de ruedas el poder sentirse autónoma.
Dicen: “¿Para qué preocuparse? Son minoría. A mí nunca me
pasará, tengo dos buenas piernas”. Mientras vivamos rodeados
de gente incapaz de plantearse una vida “sentada”, mientras
esta sociedad hipócrita siga utilizando a las personas disca-
pacitadas como meros instrumentos para hacer propaganda
electoral, no avanzaremos. Son tan pequeños los pasos que se
están dando y tan lentos que, en ocasiones, te sientes realmente
al margen de esta sociedad.
Sólo pido unos minutos de reflexión, que peguéis vuestro culo
a una silla y os imaginéis que vuestras piernas se convierten en
ruedas… Y pregúntate, honestamente, por un momento: ¿en
qué cambiaría tu vida a partir de ese momento?
Montse Caba
Persona afectada
Opinión
Sobre Ruedas /
31